martes, 29 de diciembre de 2009



Texto dramático.

(Manuel está sentado en un sillón junto a una pequeña lámpara y con una copa en la mano. A su lado Luisa, con el abrigo puesto, se dispone a marcharse a su casa).
Manuel: ¿Dónde estará el origen de esta sensación de soledad que me acompaña durante todo el día? ¿Cómo puede ser que hoy, un día tan importan para mí mi cuarenta cumpleaños, nadie se haya dignado a visitarme o a felicitarme? Yo que siempre estoy ahí para todo el mundo. Aunque esté muy ocupado. ¿Estás segura de que el teléfono no ha sonado hoy?
Luisa: no señor, no ha sonado en todo el día.
Manuel: ¡Qué desagradecidos! ¿Ni siquiera mi madre o mi hermana?
Mi madre, a la que siempre por su cumpleaños aunque no pueda ir a visitar, le envío el mejor ramo de la floristería. Mi queridísima hermana siempre quejándose de todo. Ella que si agradece que en los malos momentos económicos aparezca el “tío Gilito”, su siempre generoso hermano, para engordar un poco su cuenta bancaria y sacarla de sus supuestos apuros económicos.
Luisa: ¿cuánto tiempo hace que no las visita?
Manuel: no recuerdo, hará unos meses. Desde que necesitaron que alguien mantuviese ocupados a esos pequeños monstruitos que tiene por niños pues tenía que acompañar a mi madre al médico. No he vuelto a ofrecerme desde entonces, son agotadores.
Luisa: ¿a quién más esperaba?
Manuel: a mis antiguos compañeros de estudios. Aunque la verdad es que hace algún tiempo que no veo. Me cansé de esas cenas tediosas contando siempre las mismas batallitas: que si Pepito no para de conocer a chicas, que si Juanito está tan ocupado con sus niños, que si Lucia cuenta lo emocionante que son sus viajes, que si Lola tiene tantos problemas en casa…¡Tontunas, siempre las mismas historias aburridas! Prefiero estar en casa descansando o disfrutando de un buen libro. Pero eso no quita que siempre reciban un mensaje el día de su cumpleaños. Me avisa la agenda del móvil y nunca me olvido. ¡Pues ellos, ni eso!
Luisa: y en el trabajo, ¿no lo ha felicitado nadie?
Manuel: en el trabajo, pandilla de ignorantes. Me he marchado corriendo. Cuando salía Rosa me estaba llamando, pero me he hecho el despistado. Con lo cutres que son, seguro que me iba a felicitar para que la invitarse a un almuerzo. ¡Están listos!

(Suena el timbre. Luisa abre la puerta. Aparece un mensajero con varios paquetes).

Mensajero: ¿el señor García?
Manuel: si soy yo.
Mensajero: me firma por favor.
Manuel: ¿Y todos estos paquetes?

(Manuel va abriendo uno a uno los tres paquetes que ha recibido acompañados de sus respectivas notas)

Manuel:
(leyendo la nota que acompaña a un bonito ramo de flores).
Querido hijo, muchas felicidades. Espero que te guste el ramo, es el más bonito de toda la floristería. Como se que no te gustan demasiado las visitas y además estarás muy ocupado para recibirme, he decidido este año darte una sorpresa mandándote flores.
Te quiere.
Mamá.
(Leyendo una carta en la que figuran dos dibujos de niños).
Querido tío:
hoy es tu cumpleaños. Hemos querido obsequiarte con estos dibujos que hemos hecho especialmente para ti recordando aquel día que nos llevaste al parque y nos divertimos tanto. Esperamos poder repetirlo pronto.
Muchas felicidades.
(Leyendo la nota que acompañaba a una caja de bombones).
Muchas felicidades Manuel.
Cuando salías del trabajo te he llamado pero no me has oído. Te has marchado tan rápido que no he podido alcanzarte. Solamente quería felicitarte y pedirte que me acompañases al bar de la esquina. Allí nos esperaba el resto de compañeros donde te habíamos preparado un almuerzo sorpresa para distraerte un poco, estás siempre tan ocupado. Ya que estaba todo listo lo estamos celebrando en tu honor.
Felicidades.
Tus compañeros.
(Comienzan a sonar avisos de mensajes en el móvil)
Luisa: todo el mundo se ha acordado de usted en este día tan especial, pero no se si todas estás felicitaciones harán que desaparezca esa sensación de soledad que sentía hace un rato.

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